
Transantiago da que hablar y mucho. Pero, aún siendo un usuario frecuente del sistema, y que por lo general me veo afectado por sus problemas, me molesta que la gente no tenga altura de miras, y critique como si la mordiera un perro, destrozando en segundos todo lo que se ha construido en años. Todo es pésimo, malo, horroroso, parecemos animales, que vuelvan las amarillas.
Si, Transantiago tiene problemas. Pero si nos centramos sólo en los problemas, únicamente vemos la cara oscura de la luna. ¿Y qué pasa con la otra cara? ¿Es que Transantiago es axiomáticamente malo?
Claro que no. Por eso repasemos lo bueno de Transantiago
Diseño Gráfico
Uy, es el tema que más me gusta. Tengo en mi poder el Manual de Normas Gráficas de Transantiago, y es lejos una innovación sin precedentes en nuestro país. Todo un sistema de información gráfica y colorido de primer nivel, estudios profundos para diseñar tipografías, paraderos, mapas, etc. Digan lo que digan, no hay como un buen panel de información de recorrido, que contenga los hitos más importantes del trayecto, y que sea estéticamente bueno. Hay quienes dicen que antes la gente reconocía los buses por su tipografía e iconografía propia (como los corazones de los buses que iban a Pudahuel), pero creo que un bus que posea color por zona es más efectivo que una tipografía.
Buses nocturnos.
Sin Transantiago, a las doce de la noche quedábamos tirados, salvo que fuera noche de carrete. Hoy tenemos buses las 24 horas. ¿Acaso no han tomado un troncal a la 1 de la mañana? Yo si.
Buses modernos.
No sé ustedes, pero las chatarras amarillas me tenían enfermo, con sus luces de neón, sus mil autoadhesivos y su reggaetón de fondo. Estaba aburrido de las bestias que los manejaban, y que más de una vez por mes temiera por mi vida. Hoy tenemos buses más modernos que los Tronadores. Algunos se quejan que tienen pocos asientos, pues, sepan que están diseñados para transportar gente en viajes relativamente cortos (menos de 1 hora), no son buses de turismo. Tuve el privilegio de subirme al asiento conductor de estas máquinas Volvo y darles partida a muchas de ellas. Tienen unos sistemas computarizados que los envidiaría cualquier automovilista. Son automáticos, así que los tirones invisibles que sentíamos cuando una bestia pasaba el cambio ya no existen. El bus es muy silencioso… ¿es que ya no se acuerdan cuando sentarse atrás en una micro era no poder hablar por el ruido que hacía el motor?
¡Pero quedan buses amarillos pintados! Si, pero de a poco serán cambiados por nuevos, es mientras se compran estos… si pagamos nuestro pasaje y no tomamos en cuenta la burradas de Hirsch, veremos pronto esos buses nuevos… de hecho, ya he visto varios buses recién llegados en la zona J, con panel LED y todo.
Operadores amables
Vaya que es agradable encontrarse con un conductor que salude o devuelva el saludo amablemente, sin importar que seas estudiante. Yo evitaba subirme a las micros porque era tan desagradable tratar con la bestia. Pero hoy da gusto y eso se agradece mucho. Y ellos también lo agradecen.
Abordaje más rápido
No sé ustedes, pero antes, tomar la 173 en las Rejas era para estar media hora. El pobre conductor terminaba estresado recibiendo el dinero de cada pasajero, contándolo y calculando el vuelto, dando boleto y así a una larga fila de personas. Hoy basta subirse y hacer bip. Es 5 veces más rápido que antes y mucho más práctico. ¿A nadie se le cayó una moneda justo cuando iba a pagar? ¿O justo no podían encontrar una moneda en los bolsillos? ¿O que el conductor no tenía vuelto?
Tarifa gratis
Al menos yo, con el sistema antiguo hubiese tenido que pagar cuatro locomociones cada día, una hasta Escuela Militar, y otra que subiera hasta mi universidad. Hoy sólo pago una de ida y otra de vuelta. A veces, me he tenido que bajar en el Alto Las Condes a cosas puntuales, y cuando vuelvo a subir me cobran $0 otra vez. ¿No es magnífico?
Es más fácil
Al contrario de lo que algunos creen, Transantiago es más fácil de usar que el sistema antiguo. Antes yo debía saber cuál era la micro que me servía. Si no sabía, estaba frito. O bien, me tocaba un recorrido que se daba mil vueltas para llegar a mi destino. Hoy puedo armar mi viaje a mi gusto, eligiendo las combinaciones que yo desee. Si antes me equivocaba al tomar una micro (muchas veces me pasó, cuando en Mapocho tomaba una micro hacia el Hospital Clínico de la U de Chile, y la micro se iba por panamericana: obligado a pagar otra o a caminar si no me quedaba más dinero) obligado a pagar otra vez. Ahora puedo tomar un bus y si me equivoco, me bajo y tomo otro a costo cero.
Si vengo llegando de vacaciones, me basta llegar a un paradero, tomar un micro hasta otro punto y de ahí, seguir hasta llegar donde quiero. Si bien puede ser ventajoso, ya no es perentorio saber de antemano qué recorridos debo tomar.
Calles más limpias
Hay menos buses circulando por las mismas vías, el aire es más limpio, menos contaminación acústica y visual. El sistema le da una nueva cara a santiago, más moderna y estéticamente pulcra.
Hay otras cosas buenas que aún no están en funcionamiento (GPS, Panel de Información Variable, Altavoces, Botón de Pánico) pero pronto las conoceremos y diremos “¿Por qué no tuvimos Transantiago antes?”
(El bus y el logotipo Transantiago fueron tomados del Manual de Normas Gráficas de Transantiago)
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