Once

Estamos divididos en dos posturas irreconciliables que dañan a nuestra nación. Tantos chilenos con heridas en sus corazones. Jóvenes degradantes que, aunque nunca vivieron la dictadura, destruyen nuestras ciudades y generan un clima violencia y vandalismos injustificados.
Hoy lamentamos la pérdida del cabo Cristián Vera gracias al balazo de un joven, y es ridículo escuchar las excusas del padre del principal sospechoso, argumentando que es un niño, son travesuras de niños.
¿Cómo es posible que aceptemos estos actos miserables? Parte ya son de nuestra idiosincrasia. Cada 11 de septiembre experimentamos denigración y destrucción. Violencia espúpida, desoladora. Inzquierdismo extremo despreciable ¡Y no hacemos nada por frenarlo! Nos sentamos frente al televisor a ver sobre las “manifestaciones” en diversas partes de nuestro país, con periodistas que narran los hechos como algo ya tan natural. Esperamos que en cualquier momento se apague la luz, y regresamos más temprano a casa. Estamos totalmente condicionados a los vándalos, y aún por chilenos resentidos, deseosos de maldad, consumidos por odios que justifican sus acciones. Prefieren seguir atados a sus resentimientos, en vez de liberarse de ellos. Prefieren seguir cargando sus traumas y destruirlo todo, golpear a todos, por buscar una justicia que los vengará, pero que nunca les restituirá.
Somos una nación herida por la sangre inocente derramada por nuestros propios hermanos. Hemos sido torturados, vejados, abusados, electrocutados, golpeados, ahogados, violentados, deshonrados. Sí, nos quitaron nuestra dignidad. Nos despojaron el honor y nos entregaron a la vergüenza. Nos trataron como lacra, nos dieron de comer excremento. Nos obligaron a abortar, no respetaron nuestros vientres embarazados y torturaron junto a nuestros cuerpos, nuestros futuros hijos.
Sí, nos humillaron hasta la muerte. Nos culparon de lo que nunca hicimos. Nos castigaron por no responder lo que nunca supimos. Nos robaron la vida. Nos amenazaron, destruyeron nuestras familias. Dañaron nuestras almas con heridas desgarradoras e insondables. Nos quedamos sin lágrimas. Nos desnudaron, nos encadenaron. Envenenaron nuestras vidas, nuestras almas, nuestros proyectos, nuestra sociedad. Es cosa de leer el capítulo V del Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura.
Pero hay un castigo peor. Un castigo que trasciende la vida en la dimensión que conocemos, y alcanza la eternidad. (more…)
5 comments 14 Septiembre, 2007







