Crónica de una muerte anunciada I

2 Abril, 2007

Casete Lado A

Persona a la que le cuento, abre más sus ojos, deja de parpadear, no cierra su boca y al igual que los soldados enemigos en Metal Gear Solid, dibujan un gran signo de exclamación en sus frentes. Es que no es fácil de decir, ni es fácil de escuchar. Por eso es mejor escribirlo.

Hasta hace poco yo iba a ser Químico Farmacéutico. Muy poco. Pero ese título olía a muerto hace mucho. Para los fanáticos de Wild On from E! les presento el relato de una muerte anunciada… o mejor dicho, postergada.

En el liceo 

Corría el año 2002 y mi vida estaba marcada por una rutina cuartomedina: casa-liceo-preuniversitario-casa. Después de dejar atrás mis deseos de ser conductor de metro, cartonero, psicólogo, arquitecto, diseñador gráfico, ingeniero en sonido e ingeniero en computación, decidí que me quería dedicar a la medicina. Veamos: colegio científico humanista, plan científico: químico-matemático. Además poseía un leve gustillo por la biología, y era uno de los pocos que le entendía al profe Morong (el gurú de la configuración electrónica) sus garabatos de química. Sí, fui el único pelagato de mi liceo en participar en las olimpiadas de química que organizaba la Usach. Optar por una carrera de corte científico, quizá área salud, quizá área investigación era como la opción más lógica. Entonces veamos carreras… una que tenga buen sueldo y buen estatus social… ¡medicina! Es increíble la mala percepción que se tiene del mundo en cuarto medio, sólo piensas en medicina, ingeniería, derecho y se acabó el espectro. 

Se metió eso en la cabeza, y junto a dos compañeros más, confraternizamos en la misión imposible de ser médico-cirujanos. Al igual que Tom Cruise, dimos nuestro mejor esfuerzo. Llegamos sobre los 800 puntos en matemáticas. Estudiábamos del diccionario siempre que se pudiera (en aquella época aún existía la PAA, así que teníamos un ítem de 24 preguntas de término excluido, un cuarto de la prueba). Pero ello no era suficiente y se notó al dar el dichoso examen. ¿Mi mejor puntaje? Matemáticas, con 797 puntos. Sólo omití tres preguntas que no contesté por falta de tiempo (hubiera sido puntaje nacional, ¡rayos!). Pero el resto… todo tendía a 650 puntos. De hecho mi puntaje ponderado más alto fue 706 puntos, teniendo una media de 680. Estaba a más 50 puntos de medicina. Entonces postulé a Bachillerato en la PUC, UCH y la USACH… y Química y Farmacia en la Chile… ¿y por qué Farmacia?, no lo sé, pero lo hice. Y fuera de todo pronóstico, quedé en Farmacia. 

Pateé el piso. No recuerdo si lloré, pero estaba enojado. Furioso en realidad. Al final, me convencí que si no era por bachillerato, sería por farmacia mi entrada a medicina. Y de mala gana me matriculé. Es que, también, ser parte de la Universidad de Chile es ser parte de una elite. Y yo quería ser parte de la casta de los hijos de Bello, fuese lo último que hiciera en la tierra. En mi vida sólo existía una meta clara: estudiar en la Universidad de Chile. Mi visión no daba más allá.

En la U 

Ese primer año pasaron muchas anécdotas que, cuando tenga más tiempo, las compartiré en este blog. ¿Se acuerdan de Crónicas Universitarias? Bueno, quienes las leyeron deben saber que hay crónicas nunca publicadas y una de ellas habla de todo este proceso.  Cuando fui mechón, seguía en mi mente estaba la idea de cambiarme internamente de carrera. Luego me di cuenta que aquello era casi imposible… los requisitos eran impensados y no era el único que intentaría hacerlo. Todos mis predecesores habían fracasado. Era más fácil dar la PSU (su primer año) que entrar por traslado. Pero tiempo para preparar la nueva prueba no tenía. Tu mente escolar es reemplazada por una universitaria, sobre todo en matemáticas, pues al estudiar cálculo tanto tiempo, cuando vuelves a los tontos ejercicios de la PAA te demoras un mundo en responderlos. Como sea, me dije que debía jugármela ese año, ya que podría estar toda mi vida pensando “pude haberlo logrado y no lo intenté”. Con apenas una semana disponible desde mi último examen hasta la PSU, algo logré estudiar. Estaba tan cansado que dejaba mis cuadernos de lado por jugar Metal Gear. (Si, me gusta mucho ese juego. Lo jugaría mil veces).

Pero algo había sucedido en mí. La carrera me comenzó a gustar. Le vi “un algo” que me llamó la atención, y fue tanto así que al ver mis resultados en la PSU (650 en todo, hasta en matemáticas) me dije “¡será!, si no habré de ser médico, tendré que ser un farmacéutico que ame su carrera, no pretendo trabajar amargado, anhelando ser lo que nunca pude lograr”. 

Y el cambio fue como un switch, de un momento a otro comencé a interesarme por las temáticas sociales de mi carrera. Me inquietaban las preguntas sobre la importancia de nuestra carrera. Si incluso a juicio de médicos, nuestra carrera es una de las más difíciles, ¿por qué no teníamos una recompensa social a tal altura?

Para esos días, cuando se matriculaban los nuevos mechones, conocí a Álvaro Sepúlveda, Farmacéutiko o Pitufo. Él había visto mi página web (Crónicas Universitarias) y yo la de Él (Botikarios). Conversamos, y me hice parte del grupo Botikarios, un grupo profarmacéutico. Yo en Botikarios era tan raro como Pamela Jiles vestida de mujer. Pero, a la larga, ese gustillo por farmacia se transformó en un idilio que me llevaría a ser uno de los miembros más activos de Botikarios. Tanto así que otros grupos me querían entre sus filas

Botikarios 

Me comenzó a gustar esto de ser farmacéutico. Esto de ir al Colegio Farmacéutico, hablar con sus directivos, visualizar problemas y buscarles solución. No fueron pocas las reuniones que tuve en el colegio (junto a otros compañeros) planteando ideas para mejorar el low perfil de nuestra carrera. De hecho, ya me creía farmacéutico. Cuando tuve práctica en farmacia, los dependientes me llamaban Jefe, y me creí el cuento. Así que cuando tuve los medios, mandé a confeccionarme un timbre de goma que decía “Patricio Villarroel Durán, Estudiante de Química y Farmacia, Universidad de Chile” con el cual marcaba todo lo que era mío. 

Es que a Farmacia le falta identidad y yo quise dársela. Es una especie de cenicienta con dos hermanastros jodidos: el médico y el administrador. Y tal contexto, al ser difícil de cambiar en la práctica, debíamos hacerlo en los estudiantes, antes de que ellos llegaran a tal escenario.

Organizamos mil cosas. Aún está en mi retina todo lo que trabajamos para crear la Semana de Conversaciones Sobre Farmacia. Y al recordar sonrío por el buen resultado que logramos, y la calidad de lo que ofrecimos. No recuerdo si le terminamos de pagar a Pitufo (o a la Lorena) la plata de los churrascos, pero ¿importa ya a esta altura? Estuvimos en todas la Fiestas de la Lavándula que pudimos, hasta llegar a ser piedras angulares en la dirección de las fiestas 2004 y 2005 (Hasta tengo fotos con Adriano Castillo, quien casi fue QF). De hecho, la Fiesta del 2005 fue la mejor de todas (hubiera sido perfecta si la profe Carla hubiera decidido poner sólo una banda, no dos y juntas). 

Y para variar, ¿saben qué hacía yo? ¡Diseño! Diseñé mil afiches distintos. Hice las multimedias de dos fiestas, rediseñé el sitio web de botikarios y programé botikarios.com, que nunca salió de su fase beta, así que muy pocos lograron conocerla. 

¿Amor? 

Estaba contento hasta entonces. Estaba en la mejor facultad de farmacia de América Latina, en la mejor universidad de Chile y una de las mejores ues del mundo. Me gustaba ser conocido por mi “amor a la farmacia”. Era relativamente famoso en mi facultad, y mi apogeo fue cuando recibí el Premio Lavándula el 2005. Tuve que dejar mi locución en off (si, también hago locución a veces) y bajar al escenario a recibir mi premio (un diploma y el pendrive que actualmente uso en los iMac de mi nueva universidad). Fue un momento apoteósico, del cual pueden conocer en mi fotolog. Me sentí en la cima de lo que llamaban “espíritu farmacéutico”, y fue entonces cuando me dije convencido “si, ésta es mi carrera”. ¿Qué podría estar mal entonces? 

Todo bien hasta aquí. Salvo algunos problemas “menores”, cada vez la meta se veía menos lejana y yo estaba convencido que ser farmacéutico era lo mejor que me podía haber pasado, profesionalmente hablando. Pero el año 2006 cambiaron las cosas y me di cuenta que yo no debía estar ahí. Y, de la noche a la mañana decidí dejar para siempre la noble Química y Farmacia. 

Shhhhh… stap! tlunck!

Oops, se acabó el casete, hay que darlo vuelta…

Entry Filed under: Mi cambio de carrera, Personal. .

7 Comments Add your own

  • 1. Pitufo...  |  3 Abril, 2007 at 4:50 am

    Ehhhhh…es cosa mia o como que casi omitiste mi participacion en Ontogenia.

    Igual algun papel habre jugado dentro de toda la organizacion…
    Lider parece que se llama…

    bueno..en fin, asi es el pago de Chile.

    Ojala algun dia me pagues toda la fama que te di, con algun banner o algo.

    Nos vemos

    Responder
  • 2. Pato  |  3 Abril, 2007 at 8:21 pm

    Es que falta el lado B…

    Responder
  • [...] tenía talento para esto del Diseño… me estaba “puro perdiendo” estudiando Química y [...]

    Responder
  • [...] quise arriesgar asi que Dios tuvo que intervenir de formas dolorosas. Pueden leer toda la historia aquí y [...]

    Responder
  • 5. carlos andres  |  8 Noviembre, 2008 at 4:25 pm

    me parece q toda vida de un joven debe pasar por dudas ntre ellas se viven fracasos, frustraciones e incluso exitos mientras decides q hacer con tuvida
    ya q cuando estamos en el bachillerato tenemos todo pero cuando salimos no sabremos q hacer y ni para donde cojer realmente tenes una vison de q te gusta pero cuando entras te defraudas y es un cambio brusco por elemplo soy d la prom 2008 en colombia y no se realmente q escojer me gusta la ciencias sociales y biologia pero no la quimic aya q esta materia tengo malas bases tal vez sea el motivo q no la entiendo y no me gusta.

    Responder
  • 6. Julián  |  10 Junio, 2009 at 7:22 pm

    La mejor Facultad de Farmacio y Bioquímica es la de la Universidad de Buenos Aires…
    No es por agrandarme, pero fijate en el Ranking Mundial de Unievrsidades, la UBA esta anets que la de Chile

    Responder
  • 7. enzo  |  12 Junio, 2009 at 3:58 am

    hola… bueno.. kede para dentro con esto.. la verdad. XD
    es ke yo toy en la U catolica de valpo…en primer año.. y kiero cambiarme de carrera.. de U.. pero no se ke carrera… estoy entre tantas cosas distintas.. ahora estoy en biologo… pero kiero cambiarme… no se a ke.. cuando busque algo referido a “no se ke estudiar” salio este blog.. y kede impactado cuando salio esa imagen de la facultad de ciencias quimicas y farmaceuticas.. porque quimica y farmacia es lo que esta dentro de mis opciones para mi cambio.. pero tambien me gusta Castellano.. XD si la literatura.. y bioquimica.. pero no seeeee… no se de verdad que hacer estoy en valparaiso.. y mi familia no quiere que me vaya a santiago.. que es mas peligroso.. que no se puede andar.. y todo eso… pero resumiendo.. todavia no se ke hacer… pero ke me cambio me cambio.. pero ¿a que?

    Responder

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